JON URIARTE - Bilbaino con diptongo y Farolín

 

 

 

Esta semana es muy especial para el periodista Jon Uriarte (Bilbao, 1966). A sólo unos pocos días de cumplir 48 años, ha recibido una de las noticias más bonitas e inesperadas: será Farolín en los Carnavales del Botxo. "Ha sido una sorpresa y un indescriptible honor", asegura con satisfacción. Ya al nacer apuntó maneras txirenes, ya que vino al mundo a la 1 de la tarde y sábado, "hora perfecta para el aperitivo". Fue en la Clínica Abando, de Alameda Rekalde, de manos del doctor Andoni Abando. "Viví frente a ella, sobre el restaurante Uriarte (el de la familia), hasta que nació mi hermano Koldo, creció el negocio y nos mudamos a Ajuriaguerra. Estudié en Jesuitas y, aunque frecuenté todo el Botxo, soy un chico de Pozas".

Actualmente reside en Madrid porque cada tarde se cuela en las casas de miles de oyentes junto con su amigo Ramón García en 'La Tarde' de la Cope, pero sigue estando muy presente para todos los bilbainos por sus tres artículos semanales en El Correo y por su libro 'Bilbainos con diptongo', a la venta desde el pasado diciembre, que recoge gran parte de esas historias. En esta entrevista repasa con Bilbao Gaur lo que significa ser un bilbaino de tres sílabas.

NAIARA ORTIZ / Bilbao

 

P.- ¿Qué hay que hacer para ser un bilbaino con diptongo? A mí me molesta cuando el corrector me pone la tilde.

 

R.- Y a mí. Y no te digo cuando me lo cambian en el periódico o en alguna entrevista. Porque los de Bilbao y de Bizkaia decimos Bil-bái-no y no Bil-ba-í-no. Y de la misma forma actuamos con el bizkaino. Tres sílabas, nunca cuatro. Esto viene desde tiempo inmemorial y grandes escritores así lo mencionan. Entre ellos Cervantes o Quevedo. Pero para ser Bilbaino con Diptongo tienes que saber lo que es ser devorado por el Gargantúa, conocer el sabor del pastel de arroz, decir “Siete Calles” y no Casco Viejo, haber probado el Agua de Bilbao....ahora en serio, hay que ser gente de la Villa, o criada en la Villa, con fundamento y cariño a lo que representa ser de aquí. Ser de Bilbao exige una responsabilidad extra.

 

P.- ¿Crees que somos conscientes de que cuando hablamos no nos entienden ni nuestros vecinos, los que están a 100 kilómetros? Txoto (ésta les hace especial gracia), txirene, sinsorgo, ese 'algo era ello', ese 'pues' para preguntar por qué... Realmente no es una bilbainada, existe un idioma bilbaino.

 

R.- Sin duda. De hecho existe un 'Lexicón bilbaino', que elaboró Emiliano de Arriaga y que pone seriedad y birrete a este asunto. En él queda claro que hay palabras que solo se utilizan en Bilbao. Algunas vienen del euskera, otras del castellano y otras, esto es lo curioso, no se sabe de dónde proceden. En Bilbao al robar se le llama afanar y a la diarrea, bajera. Al pringado, que aguanta lo que le echen, baldragas. Al pesado, cansagarri. Y al tipo de formas toscas y de poco lucir, jebo. Al mentiroso, bolero, porque echa a rodar bolas que crecen. Al loco, chiflado. Dicen puede venir de tocar el chiflo o silbato. Para el llorón tenemos la palabra mañoso y por ello al llorar por llorar le llamamos hacer mañas. Al hueso de aceituna, güito, a la estantería, balda, al beber, potear...Y así suma y sigue.

 

P.- Has recogido en tu libro historias de bilbainos curiosos, ¿cuál es el que más te ha llamado la atención?

 

R.- Muchos. Martín Barinagarrementería, que atravesó el Atlántico con otros ocho valientes en la postguerra para renacer en el nuevo Continente; Ibarreta que fue el último explorador bilbaino y acabó devorado por los Caníbales en el río Pilcumayu; Andrés Unzain, un cura que fue confesor de Hemingway y compañero de juergas y murió en la Calle Henao; Arteagaveytia, originario de nuestra tierra y que falleció en el Titanic; Reyzabal que hizo su vida y fortuna en Bilbao y creó Izaro Films, o Telesforo Gil que hizo una película al estilo de Hollywood por una apuesta con angulas de por medio...Gente que hizo del bilbainismo y la bilbainada la máxima expresión.

 

P.- ¿Tu rincón preferido de Bilbao para relajarte y desconectar?


R.- Desde que vivo fuera, todo Bilbao me permite desconectar. Es llegar y me quedo ensimismado. Pasear por las calles, asomarme a la ría, mirar al Pagasarri, subir a Archanda...Todo me gusta, hasta lo que no me gustaba cuando vivía en el Botxo. Pero tengo una costumbre desde chaval. Me relajo en el hall de los hoteles, al fondo de la barra de un bar, en la sobremesa de un restaurante, tomando un café a primera ahora cuando la Villa va despertando... soy hijo de tasquero y se me nota. De hecho, muchos artículos los escribo en bares. Ya lo hacía cuando era guionista de TV y de Radio. Su ruido me permite concentrarme. Será que soy raro. San Mamés también es perfecto para desconectar. Ahora, para relajarme...soy incapaz de ver un partido sin jugarlo en la distancia.

 

P.- ¿Tu plan ideal para disfrutar del fin de semana en el Botxo?

 

R.- Con amigos o familia, aperitivo largo y cierre en mesa. Con mi mujer, dejarnos llevar según salga el día. Antes iba en coche de Henao al Sagrado Corazón. Ahora, en cambio, camino todo el día. Creo que el fin de semana es perfecto para ello. Ponerte a andar y que pase lo que tenga que pasar.

 

P.- ¿Qué es lo que más echas de menos de Bilbao en tu día a día?

 

R.- Bilbao en sí mismo. No hay otro igual. Y San Mamés. La familia puede ir a verte. Pero La Catedral, Pozas, García Rivero, la Gran Vía, Ledesma, Las Siete Calles, Abando, Deusto...no pueden hacerlo. Y eso te rompe el alma.

 

P.- Con dos 'bilbainazos' como Ramón García y tú, imagino que vuestros compañeros habrán probado ya los bollos de mantequilla.

 

R.- Por supuesto. Y el pastel de arroz, la carolina, el ruso, los triángulos del EME, las salchichas de los Thate, los Santiaguitos, las Felipadas, las rabas, las gildas, el café Baque y el de Legarreta, las trufas de Arrese, el txakoli de Bizkaia...

 

P.- ¿Sigues todas las tradiciones bilbainas a pesar de vivir en Madrid? ¿Los madrileños te han podido ver con el cordón de San Blas estos días atrás?

 

R.- Pues sí. Una compañera madrileña casada con un bilbaino recibió un cargamento de cordones y caramelos de San Blas. '¡Cómo sois los de Bilbao!', nos decían en el trabajo. Soy agnóstico, pero el cordón es una cuestión tan nuestra que trasciende a todo.

 

P.- ¿Qué ruta gastronómica sigues cuando recibes a amigos turistas?

 

R.- Depende del dinero, el tiempo que tengan y el plan que prefieran. Si es de aperitivo largo, con pintxos en García Rivero y Pozas. Al día siguiente, Ledesma, al siguiente, Las Siete Calles...y así hasta el infinito. Pero si es comer sentados y con fundamento, tengo mis clásicos. Kate Zaharra, Ein Prosit, Porrue, Munegorri, Arbolagaña, Zamakolako Errota... ya véis que hay diferentes estilos y precios.

 

P.- ¿Un rincón desconocido para el turista que no debería perderse?

 

R.- El Museo Vasco suele ser olvidado por el turista apresurado. Pero es alucinante. Y el Marítimo Ría de Bilbao otro tanto, sobre todo ahora con la Gabarra. Fuera del Botxo -no olvidemos que para un americano, por ejemplo, nuestras largas distancias parecen cortas- el Museo del Rolls Royce de Galdames o unas alubias en la Arboleda. Más allá de los museos, que se dejen llevar por las baldosas de las calles.

 

P.- Estamos orgullosísimos de la transformación del Botxo, pero ¿echas de menos algo de aquel Bilbao industrial?

 

R.- La vida alocada de las calles. Resulta doloroso decirle a un turista que el domingo, salvo algún caso excepcional, no hay forma de cenar en ningún sitio o que el sábado por la tarde las tiendas cierran. Además la noche era más larga e intensa. Y eso que los 80, por ejemplo, fueron años de una crisis económica tremenda. Creo que si queremos ser una ciudad de servicios debemos recuperar algo de aquel espíritu canalla. Éramos grises, pero teníamos mucha vida.

 

R.- Este año vas a ser Farolín en los Carnavales de Bilbao, ¿cómo has recibido la noticia? ¿Vas a poder disfrutar del 'cargo'? ¿Cómo vives los carnavales?

 

Ha sido una sorpresa y un indescriptible honor. Espero estar a la altura de los otros candidatos, el bilbaino más universal en estos tiempos, Fito Cabrales, y los grandes artistas y humoristas gráficos Asier y Javier. Allá por el 84, cuando se recuperó el carnaval, salí disfrazado de Miguel De la Quadra-Salcedo subido en un 127 rojo al que colocamos un tambor de jabón de lavadora con dos tablas para que pareciera un helicóptero. Fue el año del programa 'A la Caza del Tesoro', de Isabel Tenaille. Y también recuerdo que, en su día, presenté junto a Txema Montoya un Juicio a Farolín y Zarambolas. Fue en el que les hicieron a Kepa Junkera y José Mari Arrate. En cuanto a la llamada comunicándome que era el Farolín la recibí en medio de una reunión en Madrid y tuve que explicar a los jefes qué era eso. Les dije que venía a ser como ejercer de Alcalde en Carnavales. Qué queréis que le haga, tenía que conseguir esos días libres. Además no he mentido, ¿verdad? Al menos voy a disfrutarlo como si fuera así.

 
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