IÑAKI LÓPEZ: Un portugalujo entre Bilbao y Madrid



A Iñaki López (Portugalete, 1973) no le da tiempo a echar de menos el Botxo. Por fortuna, cada semana puede volver unos días a Bilbao, cuando su trabajo como presentador de La Sexta Noche se lo permite. Ahora vive a caballo entre Madrid y la Villa, ciudades que aprovecha al máximo, pero antes lo hizo en Algorta. La pasión por el mar le acompaña desde la infancia y sigue siendo el eje de su ruta turística y de desconexión.

NAIARA ORTIZ / Bilbao

P.-¿Cuál es tu rincón perfecto de Bilbao para desconectar de todo?

R.- Más que de Bilbao, del Gran Bilbao. Me gusta acercarme en moto al Puerto Viejo de Algorta y tomarme algo tranquilo en sus ya míticas escaleras. Me relaja tomar algo allí mirando al Abra. ¡Desde crío!

P.- ¿Qué es lo que más echas de menos de Bilbao cuando estás fuera?

R.- Ahora mismo mi vida transcurre entre Madrid y Bilbao. Soy muy urbano, con lo que vivo intensamente ambas ciudades y todo lo que ofrecen. Pero si algo echo de menos es mi gente, familia y amigos. Tengo la gran fortuna de poder volver cada semana a Bilbao unos días, por lo que la morriña es menor.

P.- ¿Tu restaurante o bar favorito para darte un homenaje?

R.- El Bitoque, sin duda. Entre la familia que ahí tengo y los pinchos de Darren, ¡puedo pasarme horas!

P.- ¿A dónde llevarías a comer a los tertulianos que cada sábado te hacen sudar la gota gorda? 

R.- Depende del día... Si me han dado una noche movidita, ¡les tendría en ayunas! Pero generalmente se portan, y hay días de glorian en los que incluso les sacaría el menu degustación del Kate Zaharra.

P.- ¿Qué ruta eliges para dar a conocer Bilbao a unos amigos de fuera?

R.- Les llevo primero hasta Gorliz, Plentzia, Uribe Kosta, Algorta y les voy subiendo por la Ría hasta el Casco Viejo pasando por el Puente Colgante, Uribitarte y el centro de la Villa.

P.- Siempre ejerces de bilbaino allá a donde vas, ¿tus compañeros de trabajo en Madrid ya han probado las bondades (gastronómicas) del Botxo?

R.- Todos aún no, ¡pero lo harán! ¡Vaya si lo harán! Están todos avisados y han aceptado que no cambiamos de año sin que pasen por aquí los que faltan.

P.- ¿Te sientes más de Bilbao cuando estás fuera? ¿Cómo es ejercer de bilbaino en Madrid?

R.- Fácil. Para un bilbaino ejercer como tal siempre es fácil, en cualquier lugar, Madrid o Nueva York. Lo llevamos en los genes, nos sale de forma natural y con humildad. Somos así.

P.- ¿Qué lugar desconocido para la mayoría recomendarías no perderse a un turista?

R.- En Bizkaia, La Arboleda, Butrón, Ea... No forman parte de los circuitos habituales y son lugares increíbles. En la ciudad, barrios como Atxuri, Olabeaga o el parque de San Antonio en Bilbao tienen una visita. ¡Han mejorado mucho!

P.- Estamos muy orgullosos de la transformación de Bilbao y de todos los premios que hemos recibido por ella, pero ¿echas de menos algo de aquel Bilbao industrial?

R.- Yo me crié en el Bilbao de los 70. En casa de mi abuela en Portugalete junto a la N634 nos dormíamos con el sonido incesante de los camiones que salían del Puerto durante toda la noche y el cielo estaba siempre rojo por los AHV. Las sirenas de las fábricas, los buzos azules de las fábricas colgando en los tendederos de todas las casas... Lo recuerdo con cariño. El Bilbao industrial era pujante, sí, pero cochambroso, ultra contaminado y masificado. Y aquella industria estaba sobredimensionada y antigua para los 80. No había futuro para la industria pesada que aquí había. Creo que la apuesta por el I+D y parques como el de Zamudio, limpiar la ría, invertir en la ciudad, el metro nos han convertido en una ciudad admirada y más sostenible. La transformación de Bilbao se estudia en las universidades, es otro ejemplo claro del carácter de sus gentes. Pudimos haber quedado como un desierto industrial y supimos reinventarnos, ser grandes de nuevo. Algo echo de menos de aquel Bilbao, pero sólo había un camino, y lo hemos hecho bastante bien.

P.- ¿Qué cambiarías del actual Bilbao? ¿Qué le falta a nuestro Botxo?

R.- Más vida nocturna. Los recortes de aforos y horarios restan conciertos en salas privadas, que son las que mantienen la actividad musical y cultural de cada día. Si queremos que el turista se quede más hay que ofrecerle algo que hacer. Lugares como el Antzoki son una joya a conservar. No conozco muchos locales así ni en Madrid ni en casi ninguna ciudad que haya visitado. La oferta musical que aporta a la ciudad es impagable. A locales así, que apuestan su dinero para generar vida nocturna y opciones de ocio de nivel, hay que cuidarlos, no perseguirlos. Vamos hacia una Bilbao como Francia, ciudades muertas a partir de las 20 horas. Y sinceramente, creo que un aumento de la oferta nocturna no tiene que venir unido necesariamente a más ruido.
 
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